Dicen que no existe realmente la felicidad constante en la vida de una persona, que son solo momentos, pequeños instantes que se van como suspiros.
El día de hoy tuve uno, dos o tres de esos, manejando de regreso de la clinica (día de análisis) junto con mi padre todo parecía indicar que saldría el sol en todo su esplendor, sin embargo, casi saliendo del Viaducto el ambiente dio un giro drástico e inesperado, una neblina espesa comenzo a llenar el paisaje frente a mis ojos mientras que un sentimiento de tranquilidad invadio mi corazón.
Una vez que tome Zaragoza me toco ver justo de frente como la neblina se disipaba mientras que al fondo y en lo alto una silueta perfectamente circular se hacia cada vez más brillante, era el Sol, que por motivo de la espesa niebla pudo se visualizado por solo unos segundos sin deslumbrarme.
La visión fue fascinante. El sentimiento demoledor.
Descripción en texto de los acontecimientos de mi estancia en este planeta.
viernes, diciembre 23, 2011
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